
Opiniones sobre la profesora Covadonga Torres Assiego ¿fiable o una estafadora?
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Opiniones sobre la profesora Covadonga Torres Assiego ¿fiable o una estafadora?
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Resumen de Opiniones sobre la profesora Covadonga Torres Assiego ¿fiable o una estafadora?
Datos públicos de contacto
Covadonga Torres Assiego es doctora en Derecho, profesora ayudante doctora en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y experta en LegalTech, con enfoque en inteligencia artificial, derechos fundamentales e historia del derecho. Imparte clases universitarias en el Área de Historia del Derecho, publica artículos académicos y participa en conferencias sobre IA y privacidad. Su contenido se difunde principalmente a través de redes sociales como Instagram (14K seguidores) y LinkedIn, donde comparte análisis geopolíticos y críticas regulatorias.
Aspectos positivos según los usuarios
Aunque no hay reseñas de «clientes» pagados (no ofrece cursos comerciales), sus publicaciones generan engagement positivo en LinkedIn, con 43-60 comentarios por post, en los que los usuarios la elogian por su claridad en temas complejos como la falacia algorítmica y la ética de la IA. En entrevistas y charlas, como las de DMPs en YouTube, destaca por explicar de forma accesible y humanista los riesgos reales de la tecnología (p. ej., la venta de datos biométricos). Académicos califican su tesis sobre la dignidad humana y CRISPR como rigurosa.
¿Quiénes están detrás y cómo encontrarlos?
Detrás está Covadonga Torres Assiego, sola como figura principal, afiliada a la URJC, donde colabora en investigación (p. ej., con la Universidad de Perugia en ética de la IA). Contactos públicos:
No hay equipo empresarial visible; se trata de un perfil académico individual.
Críticas y opiniones documentadas
No existen críticas negativas documentadas en plataformas como Trustpilot o Google Reviews, ya que no vende servicios comerciales. Sus opiniones son polémicas pero académicas: critica el AI Act de la UE por «sofocar la innovación» y generar «inseguridad jurídica»; alerta sobre la adicción a las redes y el euro digital como «prisión para la privacidad». Medios como ElDerecho.com publican su trabajo con un disclaimer que no avala todas sus opiniones. En debates, genera interacción, pero sin controversias personales.
Lo que conviene tener en cuenta antes de «contratar»
No hay «contratación» directa (no ofrece másters pagos ni consultorías visibles), pero si buscas colaboraciones académicas o sigues su contenido:
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Verifica las afiliaciones en la URJC para las credenciales.
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Sus posturas son euroescépticas en materia de regulación de la IA, lo que puede no alinearse con visiones pro-UE.
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Contenido gratuito en redes; evita ofrecer asesoría legal sin contacto formal.
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Bajo volumen de opiniones independientes: prioriza las fuentes académicas frente a las redes sociales.
¿Es una estafa o es fiable?
Fiable al 100% como académica: doctora verificada en una universidad pública española, sin alertas de estafa, demandas ni quejas regulatorias. No es un «negocio» comercial, sino una investigadora con una presencia digital legítima. Su fiabilidad radica en publicaciones revisadas por pares en su rol universitario, no en promesas de riqueza.
- Blog creado por: Autor invitado
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Todas las reseñas de Opiniones sobre la profesora Covadonga Torres Assiego ¿fiable o una estafadora?
Hace 3 semanas
Voy a reconstruir mi reseña anterior, publicada hace tiempo y posteriormente eliminada, porque considero que las críticas que contenía siguen plenamente vigentes. Aprovecho, además, para incorporar nuevos ejemplos.
Hay personas que confunden hablar con autoridad y tener autoridad. Covadonga Torres Assiego, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, parece desenvolverse especialmente bien en esa confusión. Habla de inteligencia artificial, historia, literatura, derecho, geopolítica, psicología y ética con una seguridad que podría resultar convincente si uno no conociera los asuntos de los que habla. El problema comienza cuando se contrastan sus afirmaciones.
Lo que presenta como divulgación se parece, con demasiada frecuencia, a la DESINFORMACIÓN: una sucesión de errores, confusiones conceptuales y afirmaciones carentes de fundamento suficiente. Y no entraremos aquí a examinar sus posicionamientos antivacunas ni las declaraciones que algunos consideran discursos de odio. Nos limitaremos a algo básico en cualquier actividad científica: la exactitud de las afirmaciones y el rigor con que se transmiten conocimientos a una audiencia que confía en la autoridad académica de quien habla. Juzguen ustedes mismos.
No hace falta buscar demasiado, porque los ejemplos abundan. En una entrevista con Eduardo Feinmann, en septiembre de 2026, aborda la posibilidad de que las grandes empresas tecnológicas hayan alcanzado ya la automejora recursiva de sus sistemas de inteligencia artificial, sin distinguir suficientemente entre el empleo de herramientas de IA para desarrollar modelos y la existencia de ciclos autónomos y sostenidos de automejora. En esa misma intervención confunde, además, la autenticación biométrica mediante sistemas como Face ID, cuyos datos permanecen protegidos en el dispositivo, con los procedimientos bancarios de identificación remota, que pueden implicar la captura de imágenes. No son mecanismos equivalentes. Y quien pretende explicar al público los riesgos de la tecnología debería empezar por comprender las diferencias.
En Espejo Público, durante el mismo mes, presenta investigaciones sobre sistemas de inteligencia artificial que modifican su comportamiento cuando son evaluados o muestran conductas instrumentales para evitar su apagado, pero omite distinciones fundamentales entre los resultados obtenidos en escenarios experimentales y el funcionamiento ordinario de los sistemas comerciales. La investigación existe; lo discutible es la manera de explicarla. Convertir resultados condicionados por diseños experimentales específicos en afirmaciones generales no contribuye precisamente a una divulgación rigurosa.
¡Y todo esto sucede en el terreno en el que pretende ofrecer conocimientos especializados: la inteligencia artificial! Como era de esperar, el panorama no mejora cuando cambia de disciplina.
En Tengo un Plan sitúa la escritura de 1984, de George Orwell, en los años treinta, cuando la novela se redactó fundamentalmente entre 1947 y 1948 y se publicó en 1949. Asegura también que Orwell y Aldous Huxley eran muy amigos, sin fundamentar esa caracterización, y describe unas telepantallas que supuestamente se conectaban media hora al día, cuando la vigilancia permanente constituye uno de los elementos esenciales del universo totalitario de la novela. Lo sorprendente no es que alguien recuerde mal una novela. Lo sorprendente es que quien afirma conocerla especialmente bien, la presenta como su libro favorito, la exhibe en pantalla y hasta ha publicado un artículo académico sobre ella cometa errores tan elementales al explicarla públicamente. Si muestra semejante desconocimiento de su libro favorito, ¿qué cabe esperar cuando habla de asuntos que le resultan menos familiares? Quizá, antes de escribir sobre Orwell, debería haberse tomado la molestia de leerlo. O, cuando menos, de comprobar que sus recuerdos de la novela se corresponden con lo que realmente escribió Orwell. Porque una cosa es mostrar un libro en pantalla y otra bastante distinta haberlo comprendido.
En Demoliendo Mitos de la Política encontramos otra perla. Torres Assiego asegura que Pornhub fue fundado por un rabino ortodoxo. No lo plantea como una posibilidad: lo afirma, lo repite y cuenta que se lo explica a sus alumnos, que quedan pasmados. La plataforma fue fundada en 2007 por Matt Keezer. La confusión parece proceder de la adquisición de su empresa propietaria, muchos años después, por una firma vinculada a Solomon Friedman, abogado y rabino ordenado. Fundar una empresa y participar en su adquisición dieciséis años después son cosas distintas. Bastante distintas, de hecho. No debería ser necesario explicárselo a una profesora universitaria. Más llamativo todavía resulta el énfasis que pone en la condición religiosa del supuesto fundador, utilizada para construir una explicación sobre pornografía, dinero y comportamiento masculino que pierde su fundamento en cuanto se comprueba el dato inicial. La historia es vistosa, produce sorpresa y permite ofrecer a la audiencia una revelación aparentemente insólita. Lástima que sea incorrecta. Los alumnos podrán quedar pasmados, desde luego, pero no precisamente por las razones que ella imagina.
En esa misma conversación pretende dar una lección a ChatGPT sobre la historia de América. La máquina habla de colonias españolas y ella la corrige: no eran colonias, sino virreinatos. Al parecer, pasa por alto que «colonia» y «virreinato» no designan necesariamente realidades incompatibles. Una palabra puede referirse a una relación histórica de dominación colonial y la otra a una estructura administrativa. Se puede discutir la pertinencia historiográfica de cada término, desde luego. Lo que no tiene sentido es presentar la sustitución de uno por otro como una corrección indiscutible. La escena tiene su gracia: Torres Assiego explica cómo descubre errores en la inteligencia artificial y termina ofreciendo un ejemplo de su propia confusión conceptual. La máquina queda corregida, la audiencia recibe su correspondiente lección y la precisión histórica, por desgracia, se queda por el camino.
A ello se añaden otras afirmaciones que presenta sin el necesario respaldo: España sería líder mundial en consumo de lorazepam; el algoritmo chino de Douyin favorecería contenidos educativos frente a la frivolidad del TikTok español; el feminismo «ultrarradical» habría impulsado el auge de los incels; y el consumo de pornografía volvería más sumisos a los hombres. En todos estos casos sería imprescindible distinguir datos contrastados, hipótesis causales, generalizaciones y opiniones personales. Pero esa distinción parece ocupar un lugar secundario frente al atractivo de una afirmación rotunda.
Y así sucesivamente. Literatura, historia, tecnología, política, cultura clásica: cambian los asuntos, pero reaparece el mismo problema. Falta de comprobación, confusiones conceptuales y un aplomo que no siempre guarda relación con la solidez de los conocimientos expuestos.
No se trata de exigir a nadie conocimientos enciclopédicos ni una infalibilidad imposible. Se trata de exigir que quien se presenta públicamente como especialista distinga lo que sabe de lo que supone, contraste sus datos y reconozca los límites de sus conocimientos. Nadie está obligado a hablar de Orwell, de los virreinatos americanos, de la historia empresarial de Pornhub o de los efectos psicológicos de la pornografía. Pero quien decide hacerlo ante miles de espectadores debería tomarse la molestia de comprobar sus afirmaciones. La diferencia entre divulgar y desinformar no depende de la seguridad con que se habla, sino de la calidad de lo que se transmite. Cuando una afirmación incorrecta llega a miles de personas revestida de autoridad académica, su capacidad de difusión puede superar ampliamente la de cualquier rectificación posterior. La reiteración de errores no demuestra por sí sola una voluntad de engañar, pero sí plantea preguntas legítimas sobre el rigor de una actividad que se presenta como divulgativa.
Por no hablar de la ética académica. Torres Assiego ofrece con frecuencia reflexiones sobre ética, integridad y falsas autoridades. Resulta, por ello, especialmente pertinente preguntarse si su propia producción académica resistiría el mismo escrutinio que recomienda aplicar a las afirmaciones ajenas. Según las críticas a su tesis doctoral a las que se ha hecho referencia en esta y en otras páginas, existirían deficiencias que justificarían una auditoría académica independiente. Borraron también un post muy interesante donde alguien explicaba citando números de página numerosos errores, problemas metodológicos e incumplimientos de las normas más elementales de integridad académica. Si los problemas documentados son tan graves como dicen aquí y como aquel post demostraba, lo razonable sería una revisión formal por los órganos universitarios competentes. También debería investigarse el posible trato de favor del que aquí se habla por parte del exrector bien conocido por todos los españoles por su escandalosa deshonestidad académica: plagios corroborados por periciales, existencia de redes clientelares que llegaron a la prensa…
Voy acabando. Lo más desconcertante es la facilidad con que algunos medios convierten un título universitario de papel mojado en una credencial de autoridad universal. Basta con presentar a una invitada como experta, formular preguntas complacientes y permitir que responda sobre cualquier materia. Si además habla con aplomo, el espectáculo funciona. La comprobación de los datos parece quedar relegada a un segundo plano. Y lo que dice, que no aguanta una verificación científica rigurosa, circula luego como conocimiento contrastado. De poco sirve que algunos rectifiquemos, porque nuestras objeciones no llegan a la audiencia. No hacen falta descalificaciones personales: basta con escucharla y contrastar sus afirmaciones. Los errores hablan por sí solos, y resultan especialmente sonrojantes cuando afectan a materias en las que presume de autoridad. Quien se dedica a denunciar bulos y falsas autoridades debería empezar por comprobar sus propias palabras. Porque una cosa es divulgar conocimiento y otra, muy distinta, divulgar el propio desconocimiento.
La autoridad académica no se adquiere hablando de todo, sino sabiendo de qué se habla. En el caso de Torres Assiego, la distancia entre el aplomo con que pontifica y el rigor de lo que afirma parece crecer con cada intervención.
Hace 1 mes
Ni los insultos refutan errores ni las colaboraciones acreditan prestigio
Alessandro, a estas alturas resulta bastante paradójico que seas tú quien invoque continuamente a la policía. Yo me estoy limitando a discutir hechos, documentos públicos, una tesis doctoral, publicaciones, requisitos legales e intervenciones grabadas en abierto. Tú, en cambio, respondes llamando a otras personas «tarado», «muy malito», «Jeffrey Dahmer» o «peligro para las mujeres» y atribuyéndoles acosos, conductas delictivas y supuestos antecedentes que no demuestras.
Conviene dejar clara esta diferencia porque estás intentando invertir los papeles. Quien está formulando aquí acusaciones personales de enorme gravedad eres tú. Los detractores estamos aportando datos: páginas concretas de una tesis, errores concretos de publicaciones, grabaciones públicas, currículos, normas y preguntas sobre procedimientos académicos. Tú estás acusando a personas concretas de acoso, de ser un peligro para las mujeres, de haber importunado anteriormente a otras personas e incluso sugieres que podrían cometer alguna «temeridad». Son cosas completamente distintas. Señalar un error que puede comprobarse abriendo una tesis no equivale a atribuir a una persona una conducta delictiva. Si alguien debería revisar cuidadosamente lo que está escribiendo y las acusaciones que está formulando públicamente, eres tú.
Hay además algo bastante revelador: respondes a Justo Matritense como si fuera yo, del mismo modo que Chris responde a otros usuarios dando por supuesto que somos la misma persona. Ahora afirmas incluso que «nos habéis pillado» por una IP, por WhatsApp y por un supuesto cambio accidental de usuario. Pues demuéstralo. Hasta entonces no deja de ser otra afirmación tuya. Resulta bastante llamativo que quienes aseguran tener perfectamente identificados a los demás confundan a unos comentaristas con otros y, al mismo tiempo, formulen acusaciones gravísimas sobre personas cuya identidad dicen conocer. Las acusaciones de acoso, peligrosidad o conductas delictivas requieren pruebas; repetirlas no las convierte en hechos.
Dicho esto, vamos a tus nuevos argumentos, porque esos sí pueden comprobarse.
Primero, la tesis. Nadie discute que fue aprobada. Precisamente eso es lo que se pide que se explique. Hay errores concretos, graves y comprobables en el propio texto. La pregunta es cómo una tesis con semejantes deficiencias superó los sucesivos controles académicos y obtuvo la máxima calificación. Responder «pero es doctora» es absurdo: sabemos que es doctora; estamos preguntando cómo se aprobó esa tesis. Si los errores señalados son falsos, refútalos uno por uno.
Y el problema no termina en la tesis. Algunos de esos errores se han trasladado después al libro derivado de ella, que también estamos examinando, y en los artículos que hemos podido revisar aparecen asimismo errores de considerable entidad. A ello se suman los errores documentados en algunas de sus intervenciones públicas. Cuando problemas semejantes aparecen en materiales distintos, deja de resultar convincente despacharlos todos como simples erratas o deslices aislados. Hay, como mínimo, un patrón de falta seria de rigor que merece ser examinado en su conjunto.
Por eso se pide una auditoría académica seria: de la tesis, de los controles que permitieron su aprobación y, en la medida pertinente, de la producción derivada de ella. No se pide que nadie prejuzgue el resultado. Se pide que una universidad pública explique cómo funcionaron sus mecanismos de evaluación ante una relación de errores concretos y verificables. Es lo mínimo que cabe exigir a una universidad pública: transparencia, rigor y explicaciones.
Segundo: dejas caer nombres prestigiosos —Perugia, Jean Monnet, CNR, Marie Curie— como si su mera acumulación demostrara una trayectoria científica excepcional. No funciona así. Colaborar no es obtener una plaza. Participar en actividades de un proyecto no es ganar una beca. Estar vinculado a una cátedra Jean Monnet no significa ser titular de una cátedra Jean Monnet. Participar en un proyecto financiado mediante una acción Marie Skłodowska-Curie no significa haber obtenido una beca Marie Curie.
Esto es elemental en el mundo académico. La acumulación de nombres prestigiosos puede impresionar a quien desconozca cómo funciona el sistema, pero no sustituye a los méritos concretos ni acredita por sí sola prestigio científico alguno.
Lo que importa para valorar una trayectoria son los nombramientos concretos, contratos, becas competitivas efectivamente concedidas, participación acreditada en proyectos en una determinada condición, publicaciones y demás méritos verificables. Por eso, cuando afirmas que era «profesora en Italia desde 2018», queremos saber qué nombramiento docente tenía, en qué universidad, desde qué fecha y bajo qué figura. Y cuando hablas de «becas Marie Curie», queremos la concesión: convocatoria, proyecto y condición exacta de beneficiaria.
Decir «estaba en Perugia», «colaboraba con Jean Monnet», «trabajaba con el CNR» o «participaba en un proyecto Marie Curie» puede describir colaboraciones perfectamente reales. Pero una colaboración, por sí sola, no demuestra un nombramiento como profesora, ni la concesión personal de una beca competitiva, ni mucho menos el «reconocido prestigio» que la legislación vigente en 2022 exigía para la figura de profesor visitante. Una vinculación nominal con una institución prestigiosa no acredita por sí misma un mérito científico de entidad.
Tercero: que actualmente esté acreditada como PPL tampoco responde a la cuestión planteada. Nadie está preguntando qué acreditaciones ha conseguido en 2026. Estamos preguntando qué méritos poseía en 2022, cuando fue contratada como profesora visitante sin haber defendido todavía su tesis doctoral, y cómo se justificó entonces el requisito legal de «reconocido prestigio». Los méritos obtenidos posteriormente no pueden utilizarse retrospectivamente para justificar una contratación anterior.
Y después de todo seguimos exactamente en el mismo sitio: no has refutado los errores de la tesis, no has refutado los errores señalados en las publicaciones y no has explicado qué méritos concretos acreditaban en 2022 aquel «reconocido prestigio».
Puedes seguir hablando de Netflix, Jeffrey Dahmer, policías, IP, WhatsApp, «tarados», acosadores y personas «cazadas». Nada de eso modifica una sola línea de la tesis, una sola publicación ni una sola grabación.
Así que hagámoslo fácil:
¿Profesora en Italia desde 2018? Aporta el nombramiento o una referencia institucional que acredite el puesto, la figura contractual y las fechas. Una beca de colaboración, una estancia o una revisión lingüística de un trabajo no equivalen a un nombramiento como profesora.
¿Beca Marie Curie? Aporta la concesión: convocatoria, proyecto y condición exacta de beneficiaria. Decir que trabajó en el entorno de proyectos financiados mediante acciones Marie Skłodowska-Curie no demuestra que se le concediera personalmente una beca Marie Curie. No es lo mismo. Hasta ahora no has aportado ninguna concesión a su nombre.
¿«Reconocido prestigio» en 2022? Aporta los méritos concretos que lo sustentaban entonces. No nos enumeres instituciones con las que tuvo alguna vinculación: queremos saber qué publicaciones relevantes, contratos competitivos, becas obtenidas, premios, reconocimientos o resultados científicos acreditaban ese prestigio antes de su contratación. Si existían, será facilísimo documentarlos.
¿Son falsos los errores documentados en la tesis, el libro y las publicaciones examinadas? Refútalos uno por uno. Hasta ahora no lo has hecho. Y el examen de esos trabajos está identificando otros posibles problemas que habrá que contrastar y documentar con el mismo criterio.
Eso son argumentos. En el mundo académico, poner el nombre de una institución prestigiosa al lado del de una persona no acredita prácticamente nada sobre la entidad de su trayectoria. Hay que saber en calidad de qué estuvo allí y qué mérito concreto obtuvo. Una colaboración es una colaboración; una estancia es una estancia; una plaza es una plaza; una beca competitiva concedida es una beca competitiva concedida. No son categorías intercambiables. Lo que cuenta para acreditar una trayectoria son los nombramientos, contratos y concesiones concretos, el nivel y la calidad de las publicaciones, los resultados científicos y los reconocimientos obtenidos.
Y, mientras todo eso siga sin contestarse, pedir que una universidad pública examine cómo se aprobó una tesis con errores de esta entidad y explique qué criterios se aplicaron en aquella contratación no es acoso. Es exigir rendición de cuentas sobre hechos académicos verificables.
Que si, que si.... dejemos a la policía hacer su trabajo. contestas al segundo, debes estar enganchado al contenido de Covadonga y a este foro. Por cierto, no pongas tu foto en páginas de ligar de dudoso contenido... y mucho menos tu ubicación, Dio mio!!! Lo dejas a huevo. Y subiendo tus viajecitos... anda que... en fin, que ya me aburres, deseando ver el transcurso de los acontecimientos jejej
Hace 1 mes
¿«Zurdos»? Aquí se están discutiendo hechos. Los hechos no tienen ideología.
He llegado a esta página casi por casualidad y estoy alucinando con el nivel de algunos comentarios. No conozco personalmente a esta profesora ni tengo ningún interés particular en ella, pero, después de leer el hilo, hay algo bastante evidente: sus detractores están aportando muchos más argumentos que ella y sus defensores.
Unos señalan errores concretos de una tesis, citan ejemplos y hablan de publicaciones, intervenciones públicas y requisitos de contratación aportando datos concretos, páginas, leyes y fuentes. Otros responden con descalificaciones como «ratas de alcantarilla», «hombrecitos de poca monta», «resentidos», «cobardes», «acosadores», alusiones a enfermedades mentales, enlaces-trampa de IPLogger presentados como documentación y, ahora, «zurdos». El contraste es bastante llamativo. El tono de algunas respuestas es francamente arrabalero y sustituye la discusión de los hechos por la descalificación personal.
Lo de «zurdos», además, resulta particularmente absurdo. ¿Dónde está la ideología política en las críticas? Yo no veo que nadie esté atacando las ideas políticas de esta profesora ni discutiendo si es de izquierdas, de derechas o de centro. Se están discutiendo hechos: si determinados errores aparecen o no en una tesis, si determinadas afirmaciones se hicieron o no en entrevistas, si las publicaciones tienen la entidad que se les atribuye y qué méritos justificaron una contratación académica.
Desde fuera, la impresión es bastante mala para los defensores: cuanto más concretas son las objeciones, más personales y agresivas parecen volverse algunas respuestas.
Llamar a los críticos «zurdos», «ratas» o «acosadores» sin aportar fundamento para esas acusaciones no refuta absolutamente nada. Si los argumentos son falsos, lo convincente sería demostrarlo. Y hay un problema añadido: me he molestado en comprobar algunos de los errores concretos que se señalan aquí y, al menos en esos casos, los críticos tienen razón. Quizá sería más útil explicar por qué los datos son incorrectos -si pueden- que seguir insultando a quienes los señalan.
Tu obsesión de Jeffrey Dhamer es preocupante. Tu sigue alimentando y dando de comer a la policía, pero ya sabemos los usuarios que usas. Desacreditar sin dar la cara... ya sabemos por qué lo haces por tu "reputación" y por lo poco que tienes que perder. Lo que te molesta es que ella salga en la tele, que la inviten a cosas y a ti no. Por cierto, deja de acosar a mujeres de éxito, que eso es lo que os pasa. Los visitantes reconocen de reconocido prestigio, si. Covadonga YA ERA profesora en Italia desde 2018 y trabajaba en centros Jean Monet y el CNR en Florencia. Pero vamos, que eso está a golpe de clic. Por cierto, Covadonga está acreditada por la aneca ya como PPL (deberíamos denunciar al ministerio también por su ascenso meteórico? ¿debemos denunciar a todos los visitantes de las universidades europeas? Lo que te pasa es que estás muy malito y obsesionado con ella, y me encantará ver como ella misma te va a exponer (o quizás lo haga yo antes junto con la policía) Ya denuncié en la comisaría, y me he encargado de avisar a las personas pertinentes de que existe un acosador que quizás cometa alguna temeridad contra Covadonga. Hombres como tú (por llamarte algo) sois un peligro para las mujeres. Pero tú ya llevas tiempo importunando a más de una ¿o me equivoco? Mientras tanto voy a disfrutar de alguna película de Netflix, que en lo que se ha convertido esto. Venga, ponte a trabajar, tarado
Hace 1 mes
Muchas amenazas, ninguna refutación. Hablemos de los hechos.
Me da exactamente igual lo que argumenten los defensores de esta profesora mientras sigan respondiendo con amenazas, supuestas denuncias, rastreos de IP, especulaciones sobre la identidad de los críticos y descalificaciones personales. Y los modos de Alessandro —«te he cazado», «estás localizado», «no levantes cabeza»— me parecen una retórica de intimidación casi mafiosa. Sobre todo porque, después de todo ese despliegue, no ha refutado absolutamente nada.
La cuestión es mucho más sencilla: ¿son falsos los errores señalados en la tesis? ¿Son falsos los errores detectados en sus publicaciones? ¿Son falsas las meteduras de pata documentadas en sus intervenciones públicas? Si lo son, que los refute uno por uno. Estamos hablando de textos y grabaciones que cualquiera puede comprobar.
Después de examinarlos y comprobar que son ciertos, mi valoración de su trabajo como investigadora es pésima. Su tesis y las publicaciones que he podido consultar revelan, a mi juicio, una falta de rigor difícilmente compatible con la autoridad intelectual con la que se presenta como «experta». Si le gusta la televisión, que haga televisión; pero aparecer en televisión no convierte a nadie en especialista. La condición de experto se acredita con conocimiento y trabajo riguroso, y eso es precisamente lo que aquí se está sometiendo a crítica.
Por la misma razón, es perfectamente legítimo pedir que se esclarezca cómo una tesis con errores de esta entidad superó los controles académicos y obtuvo la máxima calificación. Y también lo es preguntar qué méritos justificaron su contratación como profesora visitante cuando todavía no había obtenido el doctorado y su producción científica conocida era muy reducida. No estamos inventando aquí el requisito del «reconocido prestigio»: era exactamente el que establecía para los profesores visitantes el artículo 54 de la Ley Orgánica de Universidades vigente en 2022. Que Alessandro me perdone, pero resulta difícil entender qué «reconocido prestigio» académico podía acreditar entonces una investigadora que todavía no era doctora y contaba con una producción científica tan limitada.
Y existe un contexto que hace todavía más legítima la pregunta. Rosa Berganza, catedrática de la propia URJC y candidata a rectora, denunció públicamente en 2017 la existencia en la universidad de lo que calificó como una «red clientelar al más puro estilo mafioso». La prensa de aquellos años destacó además el extraordinario peso de los profesores visitantes en la URJC frente a otras universidades. Nada de esto demuestra que esta contratación concreta fuera irregular ni que existiera trato de favor, y no afirmo tal cosa. Pero sí hace perfectamente legítimo PEDIR que se investigue qué méritos se valoraron, cómo se justificó el requisito legal de «reconocido prestigio» y si la contratación se ajustó a las exigencias aplicables.
Eso no es acoso. Es crítica académica y exigencia de transparencia.
Así que menos amenazas y menos historias sobre IP, policías y críticos «cazados». Refuten los hechos. Si los errores de la tesis son falsos, demuéstrenlo. Si los errores de las publicaciones son falsos, demuéstrenlo. Si existe una producción científica anterior a 2022 de gran entidad que no conocemos, apórtenla. Y si aquella contratación estaba plenamente justificada, que se conozcan los méritos que la justificaron.
De momento, los documentos están ahí. Las publicaciones están ahí. Las grabaciones están ahí. Hablemos de lo que aquí se ha tratado.
Leandrito, nadie se toma la molestia de "refutarles" nada porque este foro de cuarta no sirve para eso. Aquí vienen puros resentidos de Izquierda con nombres falsos a desahogar sus frustraciones. Den la cara en la academia, cobardes. Digan su nombre real y expresen sus incomodidades en el lugar correcto, no como viles ratas de alcantarilla. Hombrecitos de poca monta, acordando ataques coordinados contra una mujer. Valientes zurdos. Que además sois los mismos que acosáis mujeres más jóvenes en las universidades. Deseando que la policía o Alessandro haga pública tu identidad.
Hace 1 mes
Una «experta» bajo examen: errores que cualquiera puede comprobar
Una estrella. Y no por rumores, animadversión personal ni comentarios de terceros, sino porque buena parte de las críticas pueden contrastarse directamente con las fuentes originales. Que alguien trate de silenciarlas en esta página mediante insultos y censura me parece muy grave.
Los errores atribuidos a su tesis doctoral no son habladurías. Están documentados con referencia a páginas concretas y cualquiera puede acudir al texto y comprobarlos. No son «erratas» ni «nimiedades», sino errores tanto conceptuales como de detalle, de carácter histórico, filosófico, jurídico y científico, que, por su naturaleza y acumulación, resultan muy llamativos en una tesis doctoral que obtuvo la máxima calificación.
Sus intervenciones públicas ofrecen ejemplos igualmente desconcertantes. Especialmente revelador —y, por el contexto, casi grotesco— es lo ocurrido en julio de 2026 en el pódcast Tengo un Plan a propósito de 1984. La autora se refiere a esta obra como una de sus favoritas, ha publicado un artículo académico sobre ella —también susceptible de importantes objeciones— y acude al programa con un ejemplar físico que muestra durante la conversación. Cabría esperar, por tanto, un conocimiento particularmente sólido de la novela. Sin embargo, al explicarla acumula errores sobre aspectos elementales.
Para empezar, sitúa la publicación de 1984 en la década de 1930, cuando apareció en 1949. No es una equivocación cronológica irrelevante: desplazarla a los años treinta supone desfigurar el contexto histórico fundamental en el que Orwell concibió su última novela, escrita después de la Segunda Guerra Mundial y bajo la experiencia de los totalitarismos europeos. Afirma asimismo que Orwell y Aldous Huxley «eran muy amigos», caracterización que no describe adecuadamente la relación entre ambos, y ofrece una explicación todavía más sorprendente de las telepantallas: sostiene que los ciudadanos disponían de aproximadamente media hora diaria para conectarlas y permitir que el Estado entrara en su intimidad.
Esto último invierte prácticamente el mecanismo de vigilancia imaginado por Orwell. En 1984, las telepantallas no son dispositivos que el ciudadano active voluntariamente durante un rato para ceder su privacidad al Estado, sino instrumentos permanentes de vigilancia del Partido. Ya en las primeras páginas de la novela queda claro que Winston no puede apagarlas y que su vida transcurre bajo la posibilidad constante de ser observado y escuchado. Transformar ese dispositivo totalitario en una suerte de conexión voluntaria de media hora no constituye una interpretación alternativa de Orwell, sino una explicación incorrecta de uno de los mecanismos más elementales y conocidos de la novela. A la luz de todo ello, no parece gratuito preguntarse si el ejemplar exhibido durante la entrevista cumple una función más ornamental que intelectual: puro atrezo.
El episodio resulta particularmente difícil de justificar por la puesta en escena de autoridad que lo acompaña: se presenta la obra como predilecta, se exhibe físicamente el libro, se habla desde una posición de conocimiento y, acto seguido, se incurre, con una seguridad apabullante, en errores básicos sobre su fecha, su contexto y su propio argumento. La contradicción entre la imagen de especialización que se proyecta y el conocimiento que efectivamente se demuestra es difícil de pasar por alto. Pura fatuidad.
El problema no se limita a la literatura. En sus intervenciones sobre inteligencia artificial aparecen afirmaciones igualmente problemáticas. En Espejo Público, por ejemplo, presenta la automejora recursiva de los sistemas de IA en términos que confunden la capacidad de generar o modificar código con la posibilidad, mucho más fuerte, de que un modelo pueda rediseñarse autónomamente y producir sucesores progresivamente más capaces. Del mismo modo, extrapola resultados obtenidos en experimentos controlados sobre alignment faking y agentic misalignment hasta convertir determinados comportamientos observados bajo condiciones experimentales específicas en capacidades generales de «las inteligencias artificiales». También realiza afirmaciones discutibles sobre privacidad y biometría, al describir sistemas de reconocimiento facial o aplicaciones bancarias en términos que sugieren que las empresas se quedan con nuestro rostro o con todos nuestros datos.
También considero legítimas las dudas acerca de su trayectoria académica. Su incorporación como profesora visitante a la Universidad Rey Juan Carlos en 2022 ha sido cuestionada por la producción científica con la que contaba entonces, muy escasa y, en algunos de los trabajos que he podido consultar, tampoco exenta de errores. A ello se suma su relación académica con Fernando Suárez Bilbao, exrector de la URJC, una vinculación que la propia interesada ha reconocido públicamente. En el contexto de una universidad que ha protagonizado en los últimos años diversas controversias académicas de considerable repercusión pública, creo que resulta especialmente pertinente conocer con transparencia cuáles fueron los méritos valorados y los criterios aplicados para aquella contratación. Ese contexto, naturalmente, no demuestra por sí solo ninguna irregularidad en este caso concreto.
Lo verdaderamente grave no es que existan opiniones negativas sobre esta profesora, sino que muchas de las objeciones formuladas son comprobables y que, sin embargo, pretendan silenciarse. Quien dude puede consultar la tesis y las páginas concretas señaladas, escuchar las entrevistas y pódcast completos y contrastar sus afirmaciones con fuentes solventes.
Después de hacerlo, mi valoración es inequívocamente negativa. Me resulta muy difícil conciliar la imagen pública de «experta» con la cantidad y entidad de los errores que pueden comprobarse tanto en su producción académica como en sus intervenciones públicas. Me parece especialmente preocupante que una trayectoria de estas características haya podido desarrollarse dentro de una universidad pública sin que los mecanismos ordinarios de evaluación académica hayan despejado antes todas estas dudas.
A mi juicio, la tesis merece una auditoría académica seria. La cantidad y naturaleza de los errores documentados hacen legítimo preguntarse cómo pudo superar los distintos controles académicos y obtener la máxima calificación. No se trata de creer o no creer a quienes la critican. Las páginas y las grabaciones están ahí, a disposición de cualquiera. Basta contrastarlas.
Te he cazado. Esperé muy pacientemente, pero todo sale a la luz. Hace unas semanas buscando los podcast de mi cara colega Covadonga Torres me encontré con este foro. Tengo el placer de trabajar con ella desde que vino de profesora e investigadora a Italia, por lo que le debo comenzar la tesis internacional entre Perugia-España. Decías por ahí que apenas tenía producción científica, pero en Perugia lleva publicando y trabajando desde 2018 en cátedras Jean Monnet y con becas Marie Curie, desde papers a dar clases sin siquiera acabar la carrera. Para estar tan obsesionado no has bicheado nada de ella, porque lo pone en sus propias redes.
Al principio no le di mucha importancia, ya que mi cara amica ya es conocida en su nicho y es lógico que entre miles de personas que la siguen en redes o en sus intervenciones haya algún hater, y más si es mujer y muy joven. Bueno, es normal criticar una tesis, pero cuando observé conductas obsesivas y narcisistas me quedé alucinando. Viendo cómo mira a cámara o con quién se hace fotos, es evidente que te gusta y que la envidia te bruccia. Eres digno de un personaje de AHS, destruido por la soledad como indicaban más abajo, destruido por la invidia, por la luz que desprenden otros. A ella estas cosas le dan igual, pero disfruto mucho persiguiendo a los que se creen tan listos, como tú.
No he querido avisar a mi amiga de nada hasta que tuviera un nombre o algo de donde tirar tras poner la denuncia. Hice capturas, de todas, esperé y aproveché para ir a la Policía Nacional y poner la denuncia por acoso y difamación. A ella le da igual si hablan o no, porque si no, no trabajaría ni saldría tras el juicio de miles de cámaras. Para ella no eres nadie. Este tipo de comentarios son propios de una persona con muchos problemas, pero merecía que te destapara.
Las autoridades ya tienen el caso y se ha solicitado el rastreo de tu IP independientemente de tu VPN (o por qué crees que se borraron cosas; la gente como tú os creéis por encima del bien y del mal, pero existen los IP loggers). Había varias posibilidades y tras la denuncia policial empecé a atar cabos:
Que eras ese al que ella misma denunció por acosar a sus estudiantes.
Que eras el estudiante que semanas antes empezó a señalarla en redes o su círculo ideológico.
Un estudiante obsesionado con ella.
O un catedrático sin más vida que una pantalla... aunque esto último lo dudo, ya que se ve la frustración de una vida vacía.
He sido muy, muy paciente pero ya estás localizado y la denuncia sigue su curso con el respaldo de las autoridades. Imagina el escenario cuando esto trascienda: una mujer joven, guapa y con éxito laboral frente a quien ha actuado de esta manera. No entiendes dónde te has metido, porque por mucho que te ocultes no tienes derecho a acosar a una amiga mía, y menos con sus compañías mediáticas. Te recomiendo que la escribas antes de que le comente todo esto yo mismo, ahí tienes el correo.
Este foro (independientemente de Cova) quiere ser tumbado desde hace tiempo porque se encarga de difamar. La vía legal ya está abierta y llegará hasta el final. Menos mal que tu obsesión no ha parado y has dejado más huellas. A dopo, caro. PD: Cómo has sido tan stu...pido di compartir por mensajes de Whatsapp, en serio? ha sido muy sencillo.
Hace 1 mes
No eran “nimiedades”: había errores concretos, graves y perfectamente comprobables
Conviene precisar qué clase de objeciones se estaban planteando en las críticas borradas, porque calificarlas simplemente de «nimiedades», como hace Alfonso Rojas, desfigura bastante su contenido. Las críticas remitían a afirmaciones concretas de la tesis, identificadas por sus páginas y susceptibles de comprobación directa, de modo que cualquier lector podía verificar por sí mismo si la observación era correcta.
Entre los ejemplos figuraban presentar a Marte como una divinidad griega (Marte es el dios romano; su equivalente griego es Ares); situar a Edward Jenner a finales del siglo XVII (Jenner nació en 1749 y desarrolló su trabajo sobre la vacuna de la viruela a finales del XVIII); atribuir a John McCarthy la creación del test de Turing (fue propuesto por Alan Turing en 1950); hablar de «23 principios de Asimov» (confundiendo a Asimov con los Principios de Asilomar sobre IA); situar el imperativo categórico de Kant en una obra equivocada; o hablar de una «Contrarreforma protestante», confundiendo la Reforma protestante con la Contrarreforma católica.
A detalles como estos (no recuerdo todos) se añadían errores jurídicos y conceptuales de entidad: situar los derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen en el artículo 18.4 de la Constitución, cuando corresponden al 18.1; presentar el «anglicanismo» forum shopping como si fuera una rama del Derecho. Los errores lingüísticos son impropios de un universitario.
Había asimismo problemas relacionados con inteligencia artificial, precisamente uno de los ámbitos en los que la profesora interviene públicamente como especialista, así como afirmaciones incorrectas o confusas sobre genómica y edición genética.
Las objeciones tampoco se limitaban a la tesis. En distintas intervenciones públicas se habían contrastado afirmaciones sobre inteligencia artificial con documentación técnica: por ejemplo, la confusión entre que un modelo pueda generar código y que sea capaz de rediseñarse autónomamente, o la generalización de experimentos muy específicos como si describieran capacidades generales de «la IA».
Es decir, no se estaba discutiendo si la profesora resultaba simpática o antipática. Se estaban señalando afirmaciones concretas y contrastándolas con fuentes concretas.
Naturalmente, puede discutirse la importancia de cada caso e incluso demostrar que alguna crítica determinada es equivocada. Eso sería precisamente lo interesante: acudir al pasaje correspondiente, consultar la fuente y argumentar. Pero reducir a «nimiedades» una relación de errores de esta entidad evita entrar en la cuestión verdaderamente académica: si las afirmaciones señaladas son correctas o no.
Consíguete una novia real, zurdo acosador.
Hace 1 mes
Los males de la censura: críticas documentadas y verificables fuera; insultos, comentarios tabernarios e IP loggers dentro
Me parece muy preocupante el criterio de moderación de esta página. Se han eliminado comentarios que planteaban objeciones académicas concretas y verificables sobre la trayectoria de esta profesora —errores factuales, conceptuales, jurídicos e históricos de su tesis doctoral, con indicación de páginas y fuentes, así como preguntas documentables sobre su contratación como profesora visitante— mientras permanecen respuestas que no entran en absoluto en el fondo de esas objeciones y recurren abiertamente al ataque personal.
Lo sé porque alcancé a leer los comentarios eliminados. No contenían diagnósticos psicológicos, insultos ni especulaciones sobre la vida privada de nadie: discutían afirmaciones concretas y aportaban elementos susceptibles de comprobación. En cambio, entre los comentarios que siguen publicados se califica a sus autores de «cobardes», se les atribuyen «delirios de grandeza», «esquizofrenia paranoide», «trastorno de personalidad múltiple», narcisismo, soledad patológica u obsesiones personales; se hacen burlas sobre su vida íntima y se les recomienda «ayuda psicológica».
Más grave todavía: permanece publicado un comentario que presenta como supuesto enlace al «expediente» de la profesora una URL de iplogger.com, es decir, un enlace de rastreo destinado a registrar datos de conexión de quien lo abre. En el mismo bloque aparecen otros enlaces de apariencia dudosa presentados igualmente como documentación académica. Utilizar este tipo de recursos bajo la apariencia de estar ofreciendo documentación me parece especialmente grave: habla muy mal de la ética y de los escrúpulos de quien decide recurrir a ellos. Lo mismo cabe decir de quienes, incapaces de responder a datos, páginas y fuentes, sustituyen la discusión por burlas, diagnósticos improvisados e insultos personales.
Resulta difícil comprender que una página elimine críticas sustentadas en documentos y fuentes y mantenga, en cambio, comentarios cavernícolas de barra de bar junto con ataques personales y enlaces de rastreo. La crítica académica puede ser molesta, pero precisamente por eso debería juzgarse por la calidad de sus pruebas y no por si resulta favorable o desfavorable a la persona reseñada.
Borrar objeciones documentadas mientras se conservan insultos, pseudodiagnósticos psicológicos, comentarios tabernarios y enlaces de rastreo dice muy poco de la transparencia, la seguridad y la seriedad de los criterios de moderación de la página. Y dice todavía menos de quienes, frente a una crítica argumentada, optan por la burla, el insulto personal o por colocar enlaces-trampa para obtener datos de quienes los abren.
Tío, que te hemos pillado que siempre hablas desde la misma cuenta (incluso ayer patinaste y pasaste de Universitarios por la.. a Leandro de nuevo JAJAJA) te ha pillado la IP y compartiste por whatsapp tus escritos en el foro. Tío, incluso físicamente te das un aire a Jeffrey Dhamer, esperemos que no tarden en actuar tras la denuncia y que no cometas ninguna temeridad con Covadonga. No entiendo por qué no la has escrito todavía, de verdad, el tiempo corre.
Hace 1 mes
Página bajo control de las autoridades
Este foro se caracteriza por intentar difamar empresas. Covadonga no lo es y ya he denun...ciado esto. Parece ser que la AEPD ya está trabajando en ello. Son varias las personas afectadas. No hagan caso, porque aquí solo hay envidiosos o resentidos, ya sea con Covadonga o pequeños negocios. Toca esperar. Tengo ganas de que os expongan, ya sean los de este foro y los otros.
Ah, no entiendo por qué te has hecho esto. Tienes la oportunidad de hablar con ella antes de que lo haga yo, ha sido muy, muy fácil rastrearte. No quería ir a contárselo sin pruebas, pero ya con la colaboración de la policía y lo que tengo es suficiente para que no levantes cabeza. Yo la escribiría antes de que yo mismo pueda avisarla. Anda que dejar rastro tan evidente...
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